De la lesión al milagro: nuestra experiencia con el Método Doman - Parte 9

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Parte 9: Una amiga especial

En una de las primeras visitas, estaríamos bajo la supervisión de una tutora; sería la encargada de nuestro programa y de velar por el bienestar de Junior en los institutos. Tener a alguien aparte de nosotros que se preocupara por nuestro hijo era como tomar oxígeno: ver las cosas desde otro ángulo y sentirme más acompañada en esa lucha constante.

Llegamos a la oficina de nuestra tutora, un pequeño y pulcro espacio lleno de libros. Frente a su escritorio había dos sillas para adultos y una para niño; supuestamente, Junior tenía que estar sentado o en nuestros brazos. Pero no paraba; en ese tiempo, su hiperactividad era exagerada. Ella se presentó: era una mujer de origen japonés, del área intelectual, seria, formal y perfeccionista al máximo. Para mí, representó un choque cultural; me costó trabajo entenderla y comprender que también buscaba lo mejor para mi hijo. Junior lloró varias veces, gritaba e intentaba correr en la diminuta área. Ella callaba y esperaba hasta que yo lograba controlar a mi hijo. Me regañó por dicho comportamiento; me sentía fracasada y pensaba que nunca alcanzaría un estándar satisfactorio para ella.

Después de conocerla, temía la hora de su evaluación. Lloraba de impotencia y frustración; hubo citas que duraron hasta seis horas, porque si algo no le gustaba, lo cambiaba una y otra vez, hasta quedar como ella quería. Se aseguraba de que nosotros entendiéramos a la perfección. Llegué a creer que nos odiábamos mutuamente, pero al tratar más con ella aprendí su forma de pedir las cosas. Eso me gustó; dio muy buenos resultados. Una vez más, Dios ya sabía que yo necesitaba el asesoramiento de alguien así: exigente, perfeccionista, para quien no existe el “no se puede” ni los “trabajos a medias” y que, sobre todo, resaltaba la dignidad de Junior; siempre lo respetaba como a cualquier otro niño.

Junior, físicamente, llevaba un retraso, pero avanzaba de manera satisfactoria. En cambio, en lo intelectual había que trabajar arduamente, y Miky era experta en ello.



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Mamá, escritora y conferenciasta. Autora del libro "El Color de la Esperanza"

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