De la lesión al milagro: nuestra experiencia con el Método Doman - Parte 11
Parte 11: El legado de Glenn Doman
Glenn Doman fue un gran hombre que investigó, trabajó y desarrolló una metodología para ayudar a miles de niños con lesiones cerebrales. Sus logros son evidentes y están a la vista.
Desde que se demostró que el Método Doman funciona, muchos niños y adultos dejaron de lado ciertos estudios cerebrales, consultas médicas, el consumo de fármacos y algunas terapias, lo que causó polémica.
Hablar de Glenn Doman, su familia, el método y los resultados era algo común entre los padres que asistíamos a los institutos. En sus libros, él habla de la “revolución pacífica”, en la que establece una actitud educativa, un enfoque, una perspectiva filosófica y un proceso de carácter universalista en la educación. Con ella, todo cambiaba. Era real y yo lo estaba viviendo.
Él demostraba que existía un lugar en el mundo donde había esperanza. Los padres de hijos con lesión cerebral podían confiar en que la recuperación era posible y que podían ser funcionales gracias a los programas de trabajo desarrollados por él y su equipo de colaboradores. Para mí, era increíble ser parte de esta revolución pacífica. Glenn Doman estaba dedicado a cambiar la idea, tan extendida en el mundo, de que la lesión cerebral no tiene mejoría. Era un ser humano con gran liderazgo, sencillo y carismático. Podía encontrarse en cualquier lugar de los institutos, caminando, observando y supervisando. Su saludo era único: se inclinaba, tomaba mi mano y la besaba, pero no solo lo hacía conmigo, sino con todas las mamás que encontraba. Yo lo abrazaba, sintiendo un profundo agradecimiento y cariño por él. Cambió mi vida y me devolvió la esperanza que había perdido el día en que Junior nació. Hablaba de aprovechar al máximo las posibilidades de cada individuo, y eso era exactamente lo que estábamos haciendo con mi hijo.
Siempre sentí admiración por él y por haber creado un programa intenso y profundo como el Método Doman. Él amaba a los niños y sabía que este proyecto solo podía lograrse con y por amor. Para mí, fue invaluable llegar a un lugar que resultó ser el sitio ideal para Junior y para nosotros como padres. Glenn Doman sabía mucho sobre el cerebro humano; este órgano lo fascinaba profundamente. Cada vez que veía un logro de un niño, se sorprendía y conmovía; para él, todos eran únicos y especiales.
Estuve presente en el festejo de los institutos por su cumpleaños número ochenta y seis, cuando se hizo una demostración con algunos niños que estaban allí. Algunos de ellos, por primera vez, se arrastraban, gateaban, caminaban o corrían. Vimos también una rutina de gimnasia, lectura, además de una exhibición de conocimientos enciclopédicos y resolución de ecuaciones matemáticas. El doctor lloró conmovido; era un ser humano muy sensible.
La última vez que lo vi fue el tres de febrero de 2009 en una conferencia en la que únicamente nos dio la bienvenida. Caminaba despacio y con ayuda. Para entonces tenía noventa años. Al finalizar la conferencia, aproveché para saludarlo, abrazarlo, agradecerle, despedirme y tomarme unas fotos con él. Se portó igual de amable que siempre. Fue la última vez que lo vi. Falleció a los noventa y cuatro años, en 2013.
La herencia de Glenn Doman ha sido valiosa para el mundo y para quienes nos beneficiamos de su metodología. Sé que el mejor lugar para tratar a un niño con lesión cerebral son los institutos que él fundó. Aquellos de nosotros que tuvimos la fortuna de asistir a ellos consideramos imprescindible hablar de lo que aprendimos con él.
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Esperanza Valdéz
AutoraMamá, escritora y conferenciasta. Autora del libro "El Color de la Esperanza"
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